4 minutos de lectura

Errando que es gerundio

por

Empecé a escribir historietas desde bien joven, en una de esas máquinas antiguas que mi padre tenía en su despacho. Siempre destaqué en las redacciones del colegio y me gustaba tanto que quise trabajar con las palabras, así que estudié periodismo. En la universidad la profesora de redacción  -que pese a ser pelirroja me caía bien- siempre me pedía que leyera en voz alta mis artículos. Después de la Universidad trabajé cinco años en un periódico y más de diez en una radio. Vivía de escribir. Ahora soy redactor creativo en el departamento de comunicación de una multinacional. Creía que dominaba la técnica, pero desde hace unas semanas la persona que corrige la novela en la que estoy metido ha detectado que fallo en el uso del gerundio. Bueno, de algunos gerundios.

Ahora, con pavor y sudores fríos, estudio el uso del gerundio. Incluso hago ejercicios. No me entero muy bien y lo peor es que con el fatídico gerundio no se puede hacer lo mismo que con los adverbios acabados en ‘mente’, no utilizarlo. Más que una herramienta del lenguaje, el gerundio es una trampa. Un inciso: perdonen que utilice tanto la palabra gerundio, pero es que al gerundio enemigo hay que hacerle frente. El caso es que, con la excusa de explicárselo a ustedes, voy a tratar aquí el uso del gerundio para ver si me entero yo también. En lugar de usos correctos de gerundio, voy a hablar de los incorrectos más frecuentes.

No debe usarse gerundio para indicar una acción posterior a la principal. Es decir que si Lázaro ha llegado en el tren de la una y a las dos visita a su tía no podremos decir que “llegó en el tren de la una, visitando a su tía a las dos”. sería mejor decir que “llegó en el tren de la una y visitó a su tía a las dos”. No obstante, sí podemos hacer un uso correcto del gerundio al indicar simultaneidad con la acción principal “Disparó cerrando un ojo” y anterioridad “Alzando la caja, dejó caer el contenido al suelo”. Un poco lío, pero se entiende.

Tampoco debe hacerse uso del gerundio para otorgar un valor o característica al sujeto. Si nos hacemos una herida en la base del cuello que llega hasta la oreja, no podemos decir que “me hice una herida en el cuello llegando hasta la oreja” y sí que “me hice una herida en el cuello que llegaba hasta la oreja”. Aunque supongamos que la oreja no es una parte del cuerpo, sino una cafetería a la que llegábamos justo cuando nos hicimos una herida en el cuello. Entonces sí podremos decir que “me hice una herida en el cuello llegando a la Oreja”. Porque se utiliza como complemento de lugar y como complemento de lugar, tiempo y modo sí puede usarse. Un lío.

Por último, no podemos hacer uso del gerundio para dar valor partitivo. Cada vez que decimos “España es un país con un clima cálido, teniendo Andalucía las temperaturas más altas” caemos en un error. Bastaría decir que “España es un país con un clima cálido y Andalucía la comunidad con temperaturas más altas”.

Y, sin embargo, pese a saberte al dedillo todas las reglas sobre el uso del gerundio, caerás. Y aquí es dónde subyace mi problema con los gerundios. Porque a lo lioso de sus usos correctos e incorrectos hay que sumar una especie de limbo o vacío legal que depende de cómo leas. O de quién lo lea. Si digo que “siempre albergué la esperanza de que el mago apareciera entre las olas, trayendo los aplausos que aquel día fueron arrastrados por la resaca” uno se puede imaginar que hay simultaneidad entre las dos acciones y que por lo tanto se justifica el uso del gerundio: a la par que el mago salía del mar, los aplausos resonaban. Y otro lector podría pensar en los aplausos que resonarían más tarde, en sus futuras actuaciones. Por lo que el gerundio sería erróneo. E, incluso, la primera de las interpretaciones deja lugar a dudas, pues para que el público estalle en aplausos, el mago debe antes haber asomado alguna parte de su cuerpo y podríamos concluir que la construcción está exenta de simultaneidad. Menudo follón.

Espero haberles aclarado algo porque yo aún sigo perdido. No tomen esto como un manual, si tienen dudas, consulten a la RAE y si creen que me equivoco les suplico encarecidamente que me lo hagan saber en los comentarios. Esto sólo es un texto que intenté escribir sin gerundios, pero lleno de ellos. Me quedo con la duda de si lo he conseguido, porque lo jodido del uso del gerundio es que no sabes si, mientras escribes, te estás equivocando.

Si te gustó, dale un poco de cariño:

Share
Andrés Cardenete

Periodista en PACMA  Licenciado en periodismo. La mayor parte de mi carrera la desempeñé en medios. Ahora trabajo en un departamento de comunicación mientras echo de menos la trinchera. Si buscas un columnista te invito a ponerte en contacto conmigo.

Sígueme:

Otras columnas:

El vencecanguelos

Aquel día yo seguía siendo un niño bueno, como cualquiera que tuviera la edad para cursar 3º de EGB. Sin embargo, alguna trastada inocente tuve que hacer para que la seño Anamari me expulsara de clase y me mandara castigado a la biblioteca. Había algunos profesores que siempre nos amenazaban con eso. “Como sigas así te mando a la biblioteca”, decían. Así, en el imaginario colectivo de mi clase, todos pensábamos que ir a la biblioteca era como adentrarse en el averno.

Exiliados de extrarradio

En las hamacas de la playa ya nadie lee a Fernán Caballero. Guillermo avanza con dificultad entre los flotadores, las colchonetas hinchables y los grupos de británicos que, sentados con cervezas y torsos desnudos en las escaleras, inundan el portal de su bloque, antes un reconocido edificio del centro de Málaga convertido hoy en una especie de improvisado albergue, alfombrado de arena y salitre, para turistas. Allí no quedó hueco para Emilia, una joven profesora de primaria en un colegio de la capital.

Andaluz, en serio

Soy andaluz (como María Zambrano, como Antonio Muñoz Molina, como Trajano), de un tierra labrada por los que la sudan cada día para regalar a la vista mares de olivos, campos de trigo, hileras de viñedos; y donde también florece la cultura en teatros, auditorios, conservatorios y en más de once universidades llenas de alumnos, catedráticos y doctores. La mayoría muy buenas; algunas excelentes, como la Universidad de Granada que ocupa el tercer lugar de las mejores de España en el Shanghai ranking.

Share