Un lunar en bicicleta

por | Cuentografías

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Un lunar en bicileta

Mi psiquiatra -esa voz que me habla por dentro- me dice que para entender la magnitud de un problema hay que alejarse lo suficiente. Yo le digo que no, que sólo cuando ves la mancha de cerca, al microscopio, puedes saber si, además de un lunar, es también un tumor. Entonces mi psiquiatra -ese que no tengo- me saca esta foto de Madrid y me dice que con mi obsesión de usar el microscopio confundo la enfermedad (es decir, el lunar) con lo que la provoca que, en realidad, es el problema.

[Tweet “#Madrid es como un señor con la cabeza despejada y un grave problema digestivo. #Contaminación”]

De esta foto podemos deducir que Madrid es un señor de 90 años que arriba tiene una cabeza bien despejada y abajo un grave problema digestivo. Por los intestinos que recorren sus cavidades no paran de circular bacterias que lo dejan todo emponzoñado. ¿Quién quiere un cuerpo así, en el que hasta las farolas de extrarradio se esfuerzan por estirar el cuello para esquivar la porquería?

Es entonces cuando el psiquiatra que imaginé me da la enhorabuena por entender la lección y me invita a que, una vez identificado el problema, me acerque para encontrar la enfermedad que lo provoca. Cojo la lupa que me tiende y me afano en examinar la imagen de cerca. Con la lupa puedo ver el gránulo de la fotografía, es decir los lunares, y descubro que Madrid tiene mal pronóstico. Aunque hay algunos lunares benignos, la mayoría se han ulcerado. Y en esas me veo a mí mismo -o a lo mejor es usted a quien vi, no lo sé- repostando diésel para ir a la sierra. A respirar aire fresco, creo escuchar.

No tengo psiquiatra al que despedir, pero he decidido que con lo que me ahorraré en sus sesiones me compraré una bicicleta. A lo mejor no están tan caras.

Fotografía cortesía de Juan Carlos Hidalgo (EFE)

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Andrés Cardenete

Periodista en PACMA  Licenciado en periodismo. La mayor parte de mi carrera la desempeñé en medios. Ahora trabajo en un departamento de comunicación mientras echo de menos la trinchera. Si buscas un columnista te invito a ponerte en contacto conmigo.

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El instante

Hay imágenes en las que el elemento protagonista actúa como un agujero negro que absorbe todo a su alrededor. Observen si no la fotografía que acompaña a este texto. En ella vemos a un padre y a un hijo que cruzaron la frontera de Estados Unidos en busca de una vida mejor y a los que Trump mantuvo separados y enjaulados durante 63 días. La fotografía se captó justo cuando ambos se reencontraban. El fotógrafo podría haber capturado otro instante que nos permitiera divagar sobre el resto de detalles sin desperdicio que posee la imagen, pero hizo clic en el momento preciso.

Nichos de mercado

De esta imagen sacamos dos conclusiones. La primera es que si bien es verdad aquello de que la vida es el alimento de la muerte, no es menos verdad que también ocurre al contrario. Miren si no –con cuidado y respeto– a través del cristal del nicho y descubran el ecosistema que nace en lo más sombrío del destino. El frondoso verdor indica que allí se realiza cada día la fotosíntesis. Ahí dentro se expira cada mañana oxígeno y se inspira dióxido de carbono; y justo al contrario conforme cae la tarde. Habrá microorganismos que nazcan y se alimenten en el nicho.

Aparcados

No se equivoque. La imagen que acompaña a este texto no está tomada en un campo de refugiados cualquiera de la frontera de Turquía, que es donde Europa esconde sus vergüenzas. Bien podría ser, pero no. La fotografía se tomó en San Diego, una de las ciudades más importantes del suroeste de los Estados Unidos, aunque el suroeste no importe un pimiento en el país de Donald Trump. Estados Unidos esconde sus vergüenzas en los aparcamientos. Sabemos que lo es por el niño que decide dejar su coche volcado en mitad de la urbanización porque no encuentra una plaza libre.

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