Fiebre de importación

por | Cuentografías

3 minutos de lectura

Ahí lo tienen, en la imagen. El ébola es el filamento azul, no el fondo rosa. El fondo es parte de alguien que no conocemos ni sabemos cómo estará, pero hay hasta un noventa por ciento de posibilidades de que esté criando malvas, según la tasa de efectividad del filamento. No es un producto autóctono español, es importado, como la piña de Costa Rica o el reguetón dominicano, sólo que, para consumirlo, en lugar de comértelo o bailarlo hay que pasarlas canutas de fiebre y hasta morirse. Lo ha importado nuestro gobierno, especialista en no solucionar problemas, sino en crearlos. Con la que está cayendo.

Sólo hubo unos valientes que dijeron que repatriar a los infectados era una locura. Que un gobierno debía “pensar en grande” y valorar si por salvar a un individuo que probablemente no tuviera salvación había que poner en riesgo a la comunidad. No los escuchamos. Hicimos lo de siempre, mirar con cara de bobos el telediario, ponernos en el lugar de los afectados, ser buenos chicos y confiar tranquilos en eso que llaman “el protocolo”. Pues bien, ahora nos enteramos de que el protocolo no es suficiente que, además, hace falta que quién lo aplica cuente con la formación e instrumentación suficiente. Somos unos lumbreras.

Descubrimos ahora que el Hospital Carlos III tiene nivel epidemiológico 3 y que para tratar el ébola necesitamos unas instalaciones nivel 4, de las que carecemos. Nos cuentan ahora que por muy buenos que sean nuestros profesionales, es necesaria formación concreta para trabajar alrededor de un virus tan peligroso, pues el protocolo te dice cómo quitar la tuerca pero no dice nada sobre qué hacer cuando te encuentras la tuerca torcida. Para eso hace falta experiencia.  En realidad todo esto también hubo quién nos lo dijo, pero no les escuchamos.

Pero no pasa nada. No se preocupen. Nos conformaremos con que se aplicó el protocolo, qué le vamos a hacer, las cosas son así. Volveremos a obviar que alguien ordenó hacerlo en unas instalaciones inadecuadas y con un personal sin experiencia. Seguiremos mirando al telediario con cara de bobos y el termómetro en la mano. Observaremos, antes de agarrar, la barra del vagón de metro por si vemos algo sospechoso con forma de filamento azul o, peor aún, con cara de Ministra de Sanidad.

Si te gustó, dale un poco de cariño:

Share
Andrés Cardenete

Periodista en PACMA  Licenciado en periodismo. La mayor parte de mi carrera la desempeñé en medios. Ahora trabajo en un departamento de comunicación mientras echo de menos la trinchera. Si buscas un columnista te invito a ponerte en contacto conmigo.

Sígueme:

Más cuentografías:

El instante

Hay imágenes en las que el elemento protagonista actúa como un agujero negro que absorbe todo a su alrededor. Observen si no la fotografía que acompaña a este texto. En ella vemos a un padre y a un hijo que cruzaron la frontera de Estados Unidos en busca de una vida mejor y a los que Trump mantuvo separados y enjaulados durante 63 días. La fotografía se captó justo cuando ambos se reencontraban. El fotógrafo podría haber capturado otro instante que nos permitiera divagar sobre el resto de detalles sin desperdicio que posee la imagen, pero hizo clic en el momento preciso.

Nichos de mercado

De esta imagen sacamos dos conclusiones. La primera es que si bien es verdad aquello de que la vida es el alimento de la muerte, no es menos verdad que también ocurre al contrario. Miren si no –con cuidado y respeto– a través del cristal del nicho y descubran el ecosistema que nace en lo más sombrío del destino. El frondoso verdor indica que allí se realiza cada día la fotosíntesis. Ahí dentro se expira cada mañana oxígeno y se inspira dióxido de carbono; y justo al contrario conforme cae la tarde. Habrá microorganismos que nazcan y se alimenten en el nicho.

Aparcados

No se equivoque. La imagen que acompaña a este texto no está tomada en un campo de refugiados cualquiera de la frontera de Turquía, que es donde Europa esconde sus vergüenzas. Bien podría ser, pero no. La fotografía se tomó en San Diego, una de las ciudades más importantes del suroeste de los Estados Unidos, aunque el suroeste no importe un pimiento en el país de Donald Trump. Estados Unidos esconde sus vergüenzas en los aparcamientos. Sabemos que lo es por el niño que decide dejar su coche volcado en mitad de la urbanización porque no encuentra una plaza libre.

Share