En realidad, un eufemismo

por | Cuentografías

3 minutos de lectura

Esta habitación que nos puede parecer cualquier cosa menos un hospital, en realidad lo es. Fíjense si no en el mecanismo que tiene cada cama para llamar a la enfermera. Aunque podemos imaginar que la enfermera tampoco parecerá una enfermera, sino una abuela cualquiera de esas que curan con sopas y mejunjes de los que se guardan en termos. “Acuérdese señor”, le dirá la abuela que no parece una enfermera pero que en realidad lo es, “que por las mañanas debe tomar un vaso del termo verde y, antes de acostarse, otro del rosa. Le he puesto una etiqueta para que no se olvide. Y si le duele mucho, tome durante media hora, y a sorbitos, el contenido del termo de latón que hay en la mesita”. De todos modos, al hombre que acumula sus cosas en bolsas colgadas de las paredes le trae sin cuidado. Se cree que se muere. Por eso prefiere inhalar el humo de su pipa en lugar del oxígeno de la botella que han puesto para él y que está a su izquierda. Supongo que creer que te mueres es inevitable cuando te colocan en una cama que no es lo que parece, pues si te fijas bien descubres que es la parte de abajo de un ataúd tamaño XXL. O puede que en verdad sólo lo parezca.

Da igual. Lo importante de la fotografía del hombre asiático, la cama y la pipa es que en realidad toda ella es un eufemismo de nuestro mundo. Ahí tienen a nuestro planeta, enfermo y alimentándose de humo en lugar de oxígeno, tratado con mejunjes baratos en lugar de medicamentos, a saber, políticas ecológicas eficaces. Los que se reunieron y nos hablaron sobre los planes de futuro tras la pasada cumbre por la ecología de París deberían ser científicos -a fe que por momentos lo parecían- pero eran, en realidad, políticos. Nada nuevo bajo el sol. Ni siquiera lluvia.

A lo mejor nuestro mundo no es el abuelo de la foto. A lo mejor el abuelo de la foto que ya ha asumido que se muere somos todos. Usted y yo. Quizás nuestro planeta no es más que lo que debería ser una mullida cama pero que, en realidad, empieza a parecerse a un ataúd tamaño galáctico.

Si te gustó, dale un poco de cariño:

Share
Andrés Cardenete

Periodista en PACMA  Licenciado en periodismo. La mayor parte de mi carrera la desempeñé en medios. Ahora trabajo en un departamento de comunicación mientras echo de menos la trinchera. Si buscas un columnista te invito a ponerte en contacto conmigo.

Sígueme:

Más cuentografías:

El instante

Hay imágenes en las que el elemento protagonista actúa como un agujero negro que absorbe todo a su alrededor. Observen si no la fotografía que acompaña a este texto. En ella vemos a un padre y a un hijo que cruzaron la frontera de Estados Unidos en busca de una vida mejor y a los que Trump mantuvo separados y enjaulados durante 63 días. La fotografía se captó justo cuando ambos se reencontraban. El fotógrafo podría haber capturado otro instante que nos permitiera divagar sobre el resto de detalles sin desperdicio que posee la imagen, pero hizo clic en el momento preciso.

Nichos de mercado

De esta imagen sacamos dos conclusiones. La primera es que si bien es verdad aquello de que la vida es el alimento de la muerte, no es menos verdad que también ocurre al contrario. Miren si no –con cuidado y respeto– a través del cristal del nicho y descubran el ecosistema que nace en lo más sombrío del destino. El frondoso verdor indica que allí se realiza cada día la fotosíntesis. Ahí dentro se expira cada mañana oxígeno y se inspira dióxido de carbono; y justo al contrario conforme cae la tarde. Habrá microorganismos que nazcan y se alimenten en el nicho.

Aparcados

No se equivoque. La imagen que acompaña a este texto no está tomada en un campo de refugiados cualquiera de la frontera de Turquía, que es donde Europa esconde sus vergüenzas. Bien podría ser, pero no. La fotografía se tomó en San Diego, una de las ciudades más importantes del suroeste de los Estados Unidos, aunque el suroeste no importe un pimiento en el país de Donald Trump. Estados Unidos esconde sus vergüenzas en los aparcamientos. Sabemos que lo es por el niño que decide dejar su coche volcado en mitad de la urbanización porque no encuentra una plaza libre.

Share