Empercudidos

por | Cuentografías

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«¡Mira cómo te me has puesto!». La madre mira con seriedad al niño y el niño no sabe a dónde mirar. Desde luego, mejor que no mire al futuro. O sí. Cuando el presente te deja empercudido hasta el tuétano y sentado en una unidad de rescate cualquiera, el futuro, por incierto que parezca, es el único motor. Esto lo supongo, claro. No lo sé. Yo nunca he estado empercudido hasta el tuétano y sentado en una unidad de rescate. Si acaso, en urgencias por un esguince de tobillo. A mí me tocó vivir aquí.

La imagen que volvió a sensibilizarnos fue portada de las principales cabeceras del mundo. Lo normal, lo que suele ocurrir, es que en un tiempo veamos de nuevo al niño en las mismas cabeceras. Limpio, repeinado y preparado para ir a la escuela en el país que le haya dado refugio. La madre lo cogerá de la mano para acompañarlo, pero le advertirá. «¿Ves? Así estás más guapo y me dejas la conciencia más tranquila. No te me vuelvas a ensuciar. Recuerda la que liaste la última vez».

Y ambos seguirán adelante. Mientras tanto, nuestros aliados –o los aliados de aquellos con los que nos sentamos en la mesa– despilfarrarán bombas desde sus aviones. Segarán vidas. Cerrarán fronteras. Evitarán explicaciones. Tampoco habrá quien las pida: nuestros telediarios no dedicarán grandes minutajes al niño. Un día alguien volverá a fotografiar al niño ahogado en el mar o intentando atravesar un cordón fronterizo. O –quién sabe– en el mismo asiento de la misma unidad de rescate. Esa imagen nos volverá a recordar lo mal que lo están pasando muchos, pero volveremos a marcar distancias y a personalizar en el retratado sin fijarnos en el retrato. Acotaremos nuestra conciencia a uno sólo de los rostros del sufrimiento colectivo. Olvidaremos que hay más. Y que ocurre cada día. La madre volverá a mirar al pequeño fijamente, sin que él sepa si mirar hacia el futuro. «¿Otra vez me vienes así? ¡Mira que te lo tengo dicho! Yo con el follón de las terceras elecciones y, ahora, llegas tú ensuciándolo todo». El niño de la foto es un palestino, o somalí o sudanés, en un día cualquiera. La madre somos nosotros.

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Andrés Cardenete

Periodista en PACMA  Licenciado en periodismo. La mayor parte de mi carrera la desempeñé en medios. Ahora trabajo en un departamento de comunicación mientras echo de menos la trinchera. Si buscas un columnista te invito a ponerte en contacto conmigo.

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El instante

Hay imágenes en las que el elemento protagonista actúa como un agujero negro que absorbe todo a su alrededor. Observen si no la fotografía que acompaña a este texto. En ella vemos a un padre y a un hijo que cruzaron la frontera de Estados Unidos en busca de una vida mejor y a los que Trump mantuvo separados y enjaulados durante 63 días. La fotografía se captó justo cuando ambos se reencontraban. El fotógrafo podría haber capturado otro instante que nos permitiera divagar sobre el resto de detalles sin desperdicio que posee la imagen, pero hizo clic en el momento preciso.

Nichos de mercado

De esta imagen sacamos dos conclusiones. La primera es que si bien es verdad aquello de que la vida es el alimento de la muerte, no es menos verdad que también ocurre al contrario. Miren si no –con cuidado y respeto– a través del cristal del nicho y descubran el ecosistema que nace en lo más sombrío del destino. El frondoso verdor indica que allí se realiza cada día la fotosíntesis. Ahí dentro se expira cada mañana oxígeno y se inspira dióxido de carbono; y justo al contrario conforme cae la tarde. Habrá microorganismos que nazcan y se alimenten en el nicho.

Aparcados

No se equivoque. La imagen que acompaña a este texto no está tomada en un campo de refugiados cualquiera de la frontera de Turquía, que es donde Europa esconde sus vergüenzas. Bien podría ser, pero no. La fotografía se tomó en San Diego, una de las ciudades más importantes del suroeste de los Estados Unidos, aunque el suroeste no importe un pimiento en el país de Donald Trump. Estados Unidos esconde sus vergüenzas en los aparcamientos. Sabemos que lo es por el niño que decide dejar su coche volcado en mitad de la urbanización porque no encuentra una plaza libre.